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Bella Moore-Williams desafió a sus propias probabilidades de sobrevivir sin la ayuda de su respirador, Los padres de la pequeña de dieciocho meses de edad sólo podían ver con impotencia cómo su hija sedada tomaba lo que pensaban que era su último aliento.

Francesca y Lee, sus padres, lloraban y le tomaban una última fotografía con su hermano Bobby, de cinco años, antes de que su ventilador se apagara.

También habían hecho huellas de sus manos y sus pies como un recuerdo e invitaron a sus familias al hospital para despedirse.

Los médicos les habían dicho tres veces que era poco probable que sobreviviera después de que le diagnosticaron una enfermedad genética. Pero 30 minutos más tarde, ella comenzó a patalear y gritar.


La Señora Francesca dijo: "Teníamos a toda la familia con nosotros.Yo nunca, nunca olvidaré ese momento cuando tuve que despedirme de mi hija. El 21 de julio nos dijeron que nos despidieramos y toda la familia vino de uno en uno para despedirse. Yo seguía sentada allí pensando ¿por qué nosotros?. Fue desgarrador ver a miembros de la familia llorando, gritando y sufriendo.”

Lee también dijo que él estaba sosteniendo la mano de su pequeña sabiendo que ese sería su último aliento. "Podía sentir su mano cayendo, pero entonces ella comenzó a agarrar mi dedo y a moverse por su cuenta y luego la máquina comenzó a apagarse. Los médicos luego cambiaron todo para tratar de mantenerla con vida ".


La pareja había llenado el formulario para que no se tomaran medidas especiales para mantenerla con vida. Pero después de que ella comenzó a luchar por la vida de nuevo, los médicos decidieron tratar de reanimarla.

Los médicos cambiaron su forma de pensar e hicieron hasta lo imposible para salvarla. En esos 20 minutos, sus padres se dieron cuenta de que ella no estaba dispuesta a irse todavía.

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