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4 cosas que te llenan de estrés y apenas hoy te diste cuenta


Recibimos los resultados, ¡todo salió normal! Nos confirmaron que era un niño, como yo lo sentía. No voy a negar que a veces tenia días tristes donde parecía que la fuerza y la luz se extinguían por completo. Cuando parecía que no había salidas, ni caminos. Pero el tiempo no se detiene, somos nosotros quienes nos detenemos. Yo tenía que tratar de enfocarme en lo positivo, en lo bello y lo útil que era mi hijo. 

Cuando estaba de 5 meses, encontré un grupo de padres en Facebook que perdieron a sus hijos a causa de esta enfermedad y otros que por milagro ¡están vivos! Casos en los que nadie les daba esperanzas -como en mi caso- y ellos siguieron luchando... 

Cuando comentaba en mis estados en Facebook, sobre mi Embarazo, y los estudios que me hacían, las personas me decían: Ora, prende una vela, haz esto, haz lo otro…Yo lo hacia, pero después me di cuenta de que cuando es la voluntad de DIOS uno no puede luchar contra ello, sino aceptarlo. Me di cuenta que un hijo sea sano o enfermo, no es lo más importante, sino que ¡VIVA! Porque mientras hay vida, hay esperanzas. Muchos a mi entender, tienen un concepto erróneo sobre el significado de la FE: "FE NO es creer que Dios hará lo que nosotros queramos, en el momento y como lo queramos. FE es creer que Dios hará lo que es debido y que terminará haciendo su voluntad. Muchas veces la voluntad de Dios es muy diferente a la nuestra, pero siempre es la mejor. 

Pasaban las semanas, la enfermedad de mi bebé no empeoraba ni tampoco mejoraba, Joshua seguía creciendo, moviéndose y su corazón latía tan fuerte, que yo me aferraba a su Vida. Un día normal fui al hospital y mi doctor me dijo que mi bebé no estaba recibiendo suficiente vitaminas. Me dijo que podíamos planear una cesárea (que no era muy normal tan temprano), o esperar 4 semanas más hasta la semana 32. Después de hacer muchas preguntas y pensar que era lo mejor para mi hijo, una cesárea planeada sería como una segunda oportunidad de vida, ya que los doctores no le daban esperanzas por su enfermedad y creían que el iba a morir en mi vientre. Lo decidí y di el SÍ. Ese día me quede para recibir las inyecciones para la maduración de sus pulmones: tenía tanto miedo, y oraba a Dios para que me mostrara si lo que decidí era lo correcto. Mi bebé se movía toda la noche, acompañándome en mi desvelo y queriéndome decir: "Mami, tranquila, todo va a salir Bien". Yo tenía que ser fuerte, pero por dentro sabía que tenía que estar preparada para todo, debía disfrutar cada minuto. 


Recuerdo que en la mañana antes de operarme estaba tan emocionada, con tantos sentimientos encontrados, de no saber qué podía pasar, pero siempre pensaba: "Señor, que se haga tu voluntad, y no la mía". Cuando subimos al tercer piso, y me dejaron en una habitación, vinieron a presentarse cada una de las personas que iban a estar en la operación. Yo trataba de ser fuerte. Cuando entramos al quirófano y me prepararon para colocarme la anestesia, estaba tan nerviosa:  no paré de llorar durante toda la operación, lloraba tanto que el anestesista pensó que algo andaba mal, pero le expliqué que era la emoción. Todo mi miedo, mi angustia se esfumaron cuando lo tuve en mis brazos, fue como si volviera a nacer y mi alma gritó de alegría. Solo quedaba la felicidad y la Paz. Yo ya no podía pedir más nada, sólo agradecer a Dios... Nunca estuve tan enamorada de una personita, como lo estoy de Joshua. En un momento cerré los ojos, con él en mis brazos y dije: "Señor, gracias por darme esta oportunidad, me cumpliste el deseo de mi Corazón". Era la verdad, cuanto tiempo espere, cuantas lágrimas derramé y ahí estaba mi recompensa.. Dios me dio el tiempo perfecto para disfrutar de mi hijo, ¡para darle amor hasta el final! Minutos y horas que estuvimos junto a él, para darle la "Bienvenida" y un "Nos vemos pronto, hijo". Su lucha por aferrarse a la vida me hizo entender, que cada minuto es una nueva oportunidad

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