10 frases mensajes de texto para conquistar y enamorar a un hombre


Así es mi marido, mi amado marido, se ha ido y me dejó en la más horrible desesperación. Pero esto no es lo peor, al final les digo que es lo pero que me esta pasando, pero quiero que me conozcan y me entiendan primero.

La noche que se marchó el dijo que yo no era una mujer de verdad, que no le servía, y que yo nunca iba a ser feliz, me dijo. Recuerdo aún el portazo, y la sensación de frustración y soledad que en ese momento secuestró mi mente.

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Y realmente él tuvo razón. En las semanas que han pasado después de que él se fue no he podido ser feliz. Me enteré que antes de irse le comentó a gente del pueblo que yo no tenía ni la menor idea de lo que era ser una mujer ni en la alcoba, ni como compañera, como amiga. El error mío, o nuestro, fue un noviazgo demasiado corto de tan solo 4 meses.

Antes de conocerlo yo me consideraba una mujer bonita. Y la gente me lo decía, los jóvenes de mi pueblo me lo decían. Me invitaban a fiestas, a bailes, a ir a la capital, al cine, a las ferias. Rara vez aceptaba salir, y cuando lo hacía era solamente si iba acompañada de amigas. No podía ir yo sola con un hombre. Me moría de los nervios en tan solo pensarlo. Mi mamá me contaba tantas historias, y además fui educada en el temor a Dios, y en la estricta doctrina de la Iglesia Adventista. Por eso, algunas de las invitaciones, aunque en el fondo me halagaban, y ahora les confieso que me moría por salir, pero no las podía aceptar. Yo tenía miedo de fallarle a Dios y a mi madre.

La pobre, está en una silla de ruedas desde hace más de 15 años después de un accidente automovilístico. Mi hermano mayor y yo nos dimos a la tarea de encargarnos de ella desde muy niños.

 Éramos pobres y no teníamos para pagar sirvientes. Mi padre viajaba mucho y a veces duraba meses sin regresar, aunque dinero siempre nos dejaba o nos mandaba desde donde anduviera.

Un día una amiga de mi madre le dijo que lo habían visto a él en la capital con una jovencita que podría ser su hija, pero que la traía bien abrazada como si fuera su novia, y que la besaba. Y aunque él lo negó, mi madre se hundió en una terrible depresión. A veces ni la lectura de la biblia, ni la oración, ni el ir a la iglesia los sábados le ayudaba. Yo tenía como 13 años, cuando mi padre se fue a los Estados Unidos y hasta la fecha no lo he vuelto a ver. Esto me pone muy triste siempre que me acuerdo porque no hemos sabido nada de él.

Mi madre me dijo un día que Dios me había escogido a mí para cuidarla a ella hasta el día de su muerte. Yo se lo creí, pero cuando empecé a llegar a mi mayoría de edad, empecé a dudar de las cosas que ella me decía.  Cuando cumplí los 18 me empecé a rebelar y a vestirme de manera diferente, un poco más moderna como los jóvenes del mundo y fue cuando los muchachos me empezaron a decir que me veía bonita.

A veces mi cuerpo temblaba de tantas tentaciones, pero yo muy orgullosa estoy que me guardé virgen. Y no hace mucho conocí a un hombre de 32, 10 años mayor que yo. Él es agente de ventas, y me empezó a visitar aquí en el pueblo y esto duró como 2 meses.

Un día me dijo que estaba enamorado de mí y que como el ya no estaba para noviazgos “de manita sudada”, que el “quería todo, o nada” (y decía que era cristiano, pero de otra denominación).

Entendiendo muy bien lo que él me decía, le dije que no. “Yo no me entregó a ti, si primero no nos casamos por las leyes civiles y las de Dios”.

Él se molestó, pero a la semana regresó y me dijo que yo tenía razón. Pusimos fecha de boda, y en 2 meses más nos casamos, así de rápido. Mi madre dijo que yo estaba loca, que no sabía lo que hacía, pero la verdad, no le hice caso. Lo que yo quería, aparte de tener una familia y un marido, era largarme a vivir a otro lugar. Perdón por la sinceridad, pero es la verdad.

Mi novio insistió que nos casáramos en otro pueblo cercano, no en el mío, ni en la capital, y a la boda, que fue humilde, no vino nadie de su familia.

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