Reflexión sobre el salmo 23 el Señor es mi pastor y nada me faltará

Cuando vemos las noticias vemos como la violencia y el mal se ha hecho dueño y evidente en nuestras comunidades. Nos frustramos a tal punto debido a la alarmante cantidad de violencia, odio y negatividad en el mundo.  

Los actos cometidos por algunas personas son tan atroces y llenos de pura maldad que incluso podría pasar por nuestra mente el pensar que quienes comenten dichos actos “merecen arder en el infierno”.  

Definitivamente Dios no desea que pensemos de esta manera, pero en medio de este pensamiento nos surge la pregunta, "¿Existen ciertos pecados que condenan de forma automática a las personas al infierno?", y si lo hay, “¿Habré cometido yo alguno?”. ¡Como persona cristiana este es un pensamiento aterrador!  

Esta es la verdad sobre el pecado y la respuesta a estas preguntas a la luz de las escrituras.  

Ningún pecado es mayor o menor que otro.  

Las personas que cometen homicidio o aquellos que violan a alguien inocente automáticamente se ganan el ir al infierno una vez que mueren, ¿Correcto? Esto no puede ser más incorrecto.  

La realidad es que no existe ningún pecado tan grande que no pueda ser alcanzado y cubierto por el perdón de Dios. Cualquier persona que se arrepienta de todo corazón de sus pecados, ponga su fe en el Señor y acepte a Jesucristo como su único y suficiente Salvador puede y será perdonado por Dios, no importa cuál haya sido el pecado cometido.  

Bien nos dice el Salmos 51:17b “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” Dios no desprecia a aquel que viene con un corazón dispuesto a ser perdonado, con toda sinceridad, y reconociendo sus errores.  

El apóstol Pablo es un grandioso ejemplo de esto. Antes de convertirse a Cristo el odiaba a muerte a los cristianos. Fue incluso responsable de la muerte de algunos, era perseguidor de la iglesia.  

La Biblia menciona de él que antes de su conversión “respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor” (Hechos 9:1). Pablo se llamó a sí mismo como el primero de los pecadores (1 Timoteo 1:15), pero aun así el Señor perdonó todos sus pecados y le convirtió en apóstol.  

La Biblia nos menciona un segundo ejemplo. En el libro de Mateo capítulo 27 narra una historia sobre la crucifixión de 2 hombres, un ladrón y un asesino. Estos dos hombres vivieron sus vidas de espaldas a Dios; sin embargo, uno de ellos mientras colgaba en la cruz, observó a Jesús y decidió depositar su fe en El.  

Lucas 23:42-43 nos dice de este hombre “Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” Jesús le prometió a aquel ladrón que el iría al cielo, aún a pesar de los actos que este había cometido. Aún más, hizo esta promesa a un hombre que estaba a momentos de su inminente muerte. 

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¿Es justo que estas personas que comenten actos de maldad puedan aún ir al cielo? Muchas se frustran y entienden que no. Mientras esto parece ser injusto, la realidad es que Dios ama de tal manera a sus hijos que se rehúsa a darles la espalda, independientemente de lo atroz de sus actos.  


Dios elige a pecadores para salvarles. Si tiene el poder para salvar a hombres malvados y despiadados, imagínese si no podrá salvarle a usted y a los suyos.  

El pecado imperdonable.  

Muchos cristianos tienen miedo de un pecado que se menciona en la biblia como “imperdonable” o “pecado eterno”. En una escena en el Nuevo Testamento los que criticaban a Jesús le acusaron de estar asociado con el mal. En su respuesta a sus críticos Jesús les responde hacienda referencia al “pecado imperdonable”.  

Esto es lo que Jesús les dijo en Marcos 3:28-29: “De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.”  

Esto confundió a muchos cristianos pues creen que contradice a versos como 1 Juan 1:19 que Dios perdona cualquier tipo de pecado; sin embargo, si tu preocupación es de si cometiste este pecado, ciertamente no lo has hecho.   

La preocupación sobre este tema revela completamente lo contrario en cuanto a lo que se trata este pecado; aquellos quienes son culpables no les importa en lo más mínimo debido a que no les importa la posibilidad que conlleva el mismo.  

Jesús no dirigió su comentario a sus discípulos o a la multitud; él hablaba específicamente a los fariseos quienes habían presenciado el milagro de Jesús de sanar a un hombre ciego, mudo y poseído por un demonio.  

En lugar de reconocer el increíble poder divino de Dios, los fariseos atribuyen este poder a Satán. Los fariseos rechazan conscientemente a Dios y se rehúsan a creer en Su poder divino. Ellos afirman incluso “Tiene espíritu inmundo” (Marcos 3:30b).  

La blasfemia en contra del Espíritu Santo no es solo una ofensa de una vez sino una serie de actitudes de rebelión contra el Señor rechazándole continuamente e insultando y resistiéndose al Espíritu Santo.  

La blasfemia contra el Espíritu no es perdonable pues es algo que se hace continua y deliberadamente. El Señor está más que listo y dispuesto a perdonar nuestros pecados con tan solo pedirlo. 

El desea que nos acerquemos a Él. Puedes reconocer tus pecados, pedir perdón por ellos y te aseguro que Dios perdonará cada uno de ellos por su gracia y rica misericordia.  


 

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