En ocasiones, con los detalles pequeños se conoce la bondad de las personas, más que aquellas acciones espectaculares que no se hacen desde el corazón, y que normalmente las vemos ante cámaras. Son esos gestos inesperados que elevan nuestro estado anímico.

Los detalles pequeños son los que construyen grandes universos emocionales, afianzan valores y se ganan nuestros corazones.
La auténtica esencia la hallamos en esas cosas que son casi inapreciables y que se van edificando diariamente.

Por lo tanto, podemos decir que para construir lazos fuertes y duraderos es preciso que atendamos esos detalles pequeños, por el hecho de que son los que profundizan las genuinas raíces en alguien.

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Ahora, te invito a meditar en este tema que vincula una gran parte de nuestras relaciones. Comprendemos que te será de bendición.

Los detalles pequeños, el lenguaje del corazón

De pequeños nos inician en nuestra larga carrera del respeto: a las reglas sociales, el respeto hacia ti y hacia los demás seres humanos. Es ese tipo de comportamientos con los que construimos las bases para poder convivir en sociedad.

Más allá de las reglas de cortesía, se integra esa conciencia donde nace la genuina personalidad.

Alguien puede ser cortés; mas tras esa fachada de cortesía puede estar oculta la verdadera intención de una persona.
Por otra parte, están aquellos que no les dan ningún valor a los detalles pequeños. Esto no revela sean buenas o bien malas personas.

Veámoslo.

Los grandes actos y los pequeños detalles 

Algunos consideran que el amor se demuestra con grandes actos, pero las relaciones más felices son aquellas donde diariamente se renuevan los lazos que los unió.
No se precisan regalos ni actos costosos o heroicos. Lo que se precisa es esa reciprocidad donde las miradas sean francas, y donde el cariño se demuestra.
No tienes que comprar nada. Hablamos de un simple “¿cómo estuvo tu día?” Ese es un detalle que agradecemos como el regalo más costoso.

En los pequeños gestos se ocultan nuestros valores

En ocasiones estamos rodeados de personas que nos miran, mas no nos ven. Tampoco nos oyen, pero tampoco escuchan. Hasta el momento en que, de repente, aparece alguien que nos lee como un libro abierto y que, con detalles pequeños, nos demuestra su honesto interés.

Estos ademanes son los que prueban la bondad natural de una persona.

Quien valora los detalles pequeños es porque es de aquellas personas que trata a los demás como quiere que lo traten.

“Si te pregunto cómo te encuentras es porque me interesa". Me ofrezco a acompañarte por el hecho de que de veras me complace, pues deseo saber que vas a llegar bien”.
Son esas cosas pequeñas que agradecemos día tras día. La dicha está en los detalles pequeños. La dicha es ese estado de calma y equilibrio emocional y mental, cuando somos más receptivos a lo que nos circunda.

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Una mirada franca, una sonrisa, una caricia, una sorpresa inesperada…

Son dimensiones que suben nuestro estado anímico hasta gozar de esa dicha capaz de hacer olvidar cualquier decepción o angustia.

Si nos obsesionamos en poner objetivos imposibles en nuestro horizonte, probablemente en algún instante aparezca el fracaso bien la frustración.
La dicha se traza a través de detalles pequeños, por donde se llega a la realización personal más agradable.

Seamos de esta manera: autores de esa convivencia respetuosa que da valor a los detalles pequeños. Actuemos con respeto y humildad.
Comprendamos que, diciendo frecuentemente “te quiero” el amor no va a ser más sincero. Es mejor que demuestres ese amor con pequeños detalles que lo demuestren, que con puras palabras.

 
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