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Quizás has experimentando ese momento difícil, cuando alguien a quien amabas, por alguna  razón, se alejó, te abandonó; traicionó tu confianza... Son momentos duros que te hacen sentir perdido y sin fuerzas; abandonado y a la deriva; solo y sin esperanza. 

Todos hemos vivido momentos así, donde quizás esperamos demasiado de alguien y,  simplemente, no funcionó. 

Hay personas que no fueron destinadas a la historia de tu vida. Gente que de manera  equivocada llegaron y tomaron un espacio de tiempo que limitó tu crecimiento. Suele suceder que, aunque sabíamos que eran personas nocivas al propósito de Dios para nuestras vidas: no encontramos nunca las fuerzas para marchar lejos de ellos. Es en ese momento, en el que tiene que intervenir Dios para volver a alinear nuestros pasos hacía Él. Ciertamente, estas pérdidas son tan significativas que podemos experimentar un periodo difícil de duelo. Pero quiero decirte que, si por alguna razón estás experimentando este tipo de situación: Dios no te abandonará aun en el quebranto de la pérdida. 

La palabra dice: 

Salmo 27.10: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Jehová con todo me recogerá”. 

Tal vez en estos instantes te sientas abandonado. Aunque tus sentimientos son muy válidos y el dolor está ahí: Dios ha hecho promesa de permanecer contigo todos los días de tu vida. Él es nuestro Pastor, con el nada nos falta... Hoy tal vez experimentas el dolor por la pérdida... pero mañana experimentaras el favor de Dios que te llevará mucho más allá de lo que puedas imaginar. Dios ha pensado en ti con bien. Ha fijado para ti planes hermosos. 

Jeremías 29:11 (NVI): “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. 

Hoy tal vez te encuentras sumido en negación por querer volver atrás y reconstruir algo que ya murió y no pertenece al plan de Dios para ti. No insistas en alentar dentro de ti esperanzas vanas, cuando sabes ― muy dentro de ti― que Dios te ha sacado del el agua estancada para la corriente que da vida y oportunidad de tener vida nueva. 

Hoy Dios quiere mover ese estanque de tu vida. Ese estanque que ha estado quieto, inamovible; por tu frustración, tristeza, soledad... El cojo de Bethesda había pasado 38 años allí sentado al lado del estanque esperando que algo pasara. Hasta el momento en que Jesús se cruzó en su camino. Tal vez esperas la benevolencia de los que te rodean... Que alguien te cargue y te lleve al estanque para recibir tu sanidad del alma... Pero hoy Dios se cruzó por tu camino, por este medio cibernético para decirte como al cojo de Bethesda: “¿Quieres ser sano?”. 

El cojo pensó que Jesús quería escuchar su historia de lamento... cuando Él sólo quería traer sanidad a su vida. No pierdas más tiempo recordándole a Dios lo que paso, cuando ya él sabe muy bien la historia; ya sabe muy bien lo que has pasado.... Sólo responde a su pregunta... ¡Sí, quiero ser sano!

A pesar de que el cojo no respondió la pregunta de la manera que debía... Jesús, en su misericordia accionó un milagro: "Levántate, toma tu lecho y anda." El deseo de Dios es que estés sano para que puedas caminar en victoria... Pero tiene que ser necesario que comprendas y que quieras su sanidad. 

Aquel hombre tomó su lecho y caminó. No dudó de que la palabra que Jesús le había dicho, se cumpliría. Por el contrario, y aun a pesar de que al inicio no dio la respuesta correcta: creyó en que la orden de Jesús había desatado su milagro. 

Hoy Dios te dice levántate, ya yo he movido el estanque de tu corazón; ya esas aguas que habían estado quietas restándote importancia, dejando en el suelo tu autoestima y valía... Ya no  volverán a torturarte. Hoy yo he movido el estanque de tu vida para traer sanidad; ya no tienes que caminar más enlutado, triste o cabizbajo. YO te he hecho libre. Yo tengo planes para ti de bien. Yo quiero hacer de ti un vencedor. ¡Yo hago las cosas nuevas! 

No sé si te sientas identificado con esto, pero quiero decirte que yo experimenté el quebranto de una perdida, pero tomé la decisión de obedecer a la orden: "levántate, toma tu lecho y anda".

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