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Sean Whalen, de Salt Lake City, Utah, Estados Unidos, nos cuenta una conmovedora historia que le ocurrió a él y a su familia hace 30 años. Ahora es un padre soltero con 3 hijos y al entrar una noche a un restaurante, recordó lo ocurrido. 

Sean Whalen conoce muy bien el dolor y el trauma causados por un amargo divorcio. Él recuerda como si fuera hoy cuando siendo un niño un día llegó a su casa y se encontró con que su padre había cambiado las herraduras. Ese mismo día había tenido una pelea desagradable con su padre, por lo que son su hermano pequeño y su madre fueron echados de su casa y quedaron a su suerte. 

Hoy en día son ha llegado a comprender la fuerza y la determinación que tuvo su madre para sacarlo a él y a su hermano adelante, contra todo pronóstico. 

Recientemente, Sean llevó a su hijo a cenar a un restaurante chino y mientras estaba en el restaurante notó algo extrañamente familiar en una camarera.

"Entre conversaciones cortas cuando recargaba la jarra de agua, tuve la sensación de que aquella madre soltera no quería estar ahí, pero estaba haciendo su mejor esfuerzo por sonreír, me rompió el corazón", escribió Sean en Facebook. 

La amable y agobiada camarera le recordó a su propia madre. En lugar de pagar su cuenta y alejarse, Sean hizo algo mucho mejor ... 


"El día que mis padres se separaron quedó grabado para siempre en mi memoria. Papá y yo habíamos tenido una gran pelea. Mi madre, mi hermano pequeño y yo nos fuimos de la casa porque papá se había vuelto loco. Esa noche nos alojamos en un hotel.

Cuando volvimos al día siguiente mi padre había cambiado las cerraduras.
Vi a mi madre suplicarle a través de la puerta que nos dejará entrar para agarrar algo de ropa, etc. No lo hizo. Tuvimos que volver más tarde ese día con una escolta policial.

"Nunca olvidaré cuando los policías me entregaron una bolsa de basura negra y me dijeron que tenía 10 minutos para tomar lo necesario.

Cargué toda la ropa que pude meter en la bolsa, y esa fue la última vez que puse un pie en la casa en la que me crié. 

Dejé mis trofeos de béisbol, mis 10.000 tarjetas de béisbol, todas mis cosas. Dejé hasta mi mascota, una tortuga. 

Nos mudamos a un pequeño con dominio y no teníamos nada. La gente de la iglesia nos trajo vasijas, sartenes, sillones, camas y comida.

Mi padre retiro todo el dinero del banco y, literalmente, dejó a mi madre solo con el dinero que tenía en el bolsillo. Yo no podía hacer nada.

No teníamos familia a quién recurrir. Ningún otro apoyo, salvo los extraños de la iglesia.

'Todavía hoy no sé cómo lo hizo. No tengo  idea de cómo no tiró la toalla a veces', piensa Sean.

Recuerdo vividamente pasar por su habitación incontables noches viéndola de rodillas rezando. Solo puedo comprender cómo fueron esas conversaciones entre ella y Dios. Sólo puedo imaginar la cantidad de lágrimas que derramó el rostro de esta dulce mujer mientras ella le rogaba a Dios por un descanso.

He sentido un dolor intenso en mi día. He cuestionado muchas cosas, pero esta madre soltera con dos chicos nunca se rindió. Nunca, ni una vez se rindió.

"Sólo comencé a darme cuenta de lo que mamá pasó por trabajar en múltiples trabajos cuando me convertí en padre soltero. Nunca comprendí, cuándo era más joven, la rutina y el esfuerzo que ella puso solo en mí y en mi pequeño hermano.


Ella hizo todo lo posible para que mi hermano y yo tuviéramos todo lo que siempre quisimos.Pero ella trabajaba como un hombre... Difícil".

Esta noche, cuando mi hijo y yo nos sentamos en este pequeño restaurante chino, loco que amamos, me di cuenta de que había una nueva camarera. Destacaba mucho: los dueños son chinos, los empleados, chinos; y esta camarera era una pequeña mujer occidental. Ella era absolutamente fantástica y no paraba de hacerle cumplidos a mi hijo y sus modales. Cenamos, charlamos un poco en aquellas ocasiones en que nos rellenaba el agua, y tuve la impresión de que esta madre soltera no quería estar allí, pero tenía que estar; por lo que hacía lo que podía por sonreír. Me partió el corazón.

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