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Kimberly tiene 48 años y padece, por segunda vez, de cáncer cervical. Aunque cuenta con el apoyo y los cuidados de los miembros de su familia, reconoce que la lucha es grande y el miedo es peor que la propia enfermedad. No obstante, mantiene su esperanza y cuenta así su experiencia:

“Tengo cáncer cervical y esta es mi segunda batalla contra esta enfermedad. La primera vez que me dieron el diagnóstico, pensé que moriría allí mismo, en la silla del consultorio médico. Mi doctor me explicó con detalles todas las opciones que tenía, y el miedo invadió cada una de mis células. Aunque el tratamiento dio un resultado positivo inicialmente, al anunciarme que tenía nuevamente la enfermedad y que en realidad nunca había estado curada, el miedo llegó a ser peor que el mismo cáncer. Me realizarán en breve una histerectomía radical con la esperanza de remover todas las células cancerígenas.

Mi familia, felizmente, me ha acompañado en todo momento, aunque sé que están cansados de tantas visitas al médico, estudios y, obviamente, los costosos tratamientos. El día que me dijeron que tendrían que retirar mis órganos lloré durante horas. Mi madre estaba conmigo y no sabía ni qué decir, sólo lloró conmigo sentadas en la entrada del hospital.

Me realizaron varias sesiones de quimioterapia y todo, pero no funcionó, por lo que el próximo tratamiento es una cirugía radical. Pero tengo esperanzas que este próximo tratamiento, más radical que el primero, dará buenos resultados y lograré combatir el cáncer.

Al comienzo no fue fácil, pero acepté mi realidad y me concentré en recuperar mi salud y mi vida cotidiana. Intenté llevar mi vida lo más normalmente posible. Hacía el tratamiento y luego, si mis circunstancias me lo permitían, iba a trabajar, aunque me sentaba en la oficina y por varios minutos imaginaba que todo era una pesadilla y que pronto despertaría de ésta. Solo en contadas ocasiones me perdí las actividades de los chicos, pero sé que ellos entendían muy bien que no me sentía con fuerzas para asistir. Ellos han sido mi principal motivo para continuar en esta lucha.

Como ustedes seguramente ya sabrán, este cáncer tiene varias consecuencias psicológicas para una mujer, especialmente si desea tener hijos. Yo felizmente tengo dos hermosos hijos, pero ahora lo que anhelo es poder tener tiempo para amarlos y educarlos un poco más.

Confío en que mis médicos harán todo lo posible, se muestran muy preocupados en mi caso y llevan adelante todo lo que la ciencia les proporciona para curar el cáncer. Mientras tanto, yo seguiré luchando y no me daré por vencida, por más que me sienta cansada. ¡Esta enfermedad no me ganará, esta vez la venceré! Espero que las mujeres que están pasando por lo mismo que yo también se sientan así, con deseos de pelear y no bajar los brazos, aunque parezca que el cielo está cubierto de oscuros nubarrones. Nunca pierdan la esperanza de poder ganarle la batalla al cáncer de cuello de útero”.



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