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Bendiciones.  Soy varón de 24 años. Mexicano, resido en el estado de Sonora, aquí nacimos y crecimos hasta la generación de mi bisabuelo.

Asentados en un pueblo cerca de la capital por dos generaciones mi padre decidió que nos cambiáramos a la capital cuando mi hermana y yo empezamos la preparatoria.

Primero nos mudamos con mi madre a la ciudad de Hermosillo y hasta 4 años después mi padre cerró su distribuidora de abarrotes en el pueblo y se vino a tratar de abrir un negocio aquí y a estar con la familia.

Yo creo que en esos 4 años en que mis padres solo se veían una vez al mes, algo se rompió entre ellos. Poco a poco se hicieron más distantes. Se empezaron a gritar y mi madre empezó a hablar mal de mi padre. Sin embargo, se supone que hemos sido una familia cristiana desde generaciones. Los hermanos de la iglesia le decían Matusalén a mi bisabuelo y mi apellido es muy conocido de hecho en todo el país, porque tengo parientes que son celebridades en el mundo cristiano.

Pero el ser cristianos no impidió que el matrimonio de mis padres se enfriara. Allá en el pueblo, los recuerdos de niño, eran muy cariñosos el uno con el otro. A veces se iban solos al “monte”. A los sembradíos y regresaban muy contentos. No les miento, delante de Dios, escuché a mis padres haciendo el amor cientos de veces ya que a pesar de que nuestra casa era grandísima, los techos altos y las paredes hacían rebotar hasta el más mínimo ruido.

Cuando comprendí de que se trataba no me escandalicé ni nada. Creo que tengo un buen concepto del sexo y el matrimonio, por el cariño que ellos se profesaban.

Mi madre se empezó a alejar también de las reuniones de la iglesia. Pertenecíamos a una denominación muy conocida y ahora asistimos a la iglesia metropolitana con el pastor Jiménez. Es una iglesia que crece mucho y a veces ya ni se conoce la gente. Eso hace que uno pierda confianza de contar sus problemas, pero, en fin.

Un sábado por la tarde regresaba yo de un pequeño viaje, cuando al pasar por un motel de hecho cercano a la iglesia, vi salir un auto idéntico al de mi madre. Solté una pequeña risa dentro de mí, preguntándome ¿Y qué tal si mi madre estaba en ese hotel?  Para mí era como broma por eso me reí.

Pero decidí esperar en el carril derecho a que el auto que había visto me alcanzara. Lo empecé a seguir a distancia ya que hasta unos detalles de pintura en el auto eran similares al de mi mamá. Cuando al fin me pude acercar, no me quedo lugar a dudas. Era el auto de mi madre.

Ellos no me podían reconocer a mi porque yo conducía un auto de una empresa de ingenieros donde trabajo desde que estudiaba. Trataba yo de hacerme hacia el lado izquierdo de ese auto para ver si podía mirar quien conducía. Empecé a pensar lo peor, que como hay tanto robo y secuestro en esta ciudad, tal vez a mi madre le había pasado algo.

Pensé en mandarle un WhatsApp, pero algo me decía que continuara enfocado en seguir al auto. A unos kilómetros del hotel, el auto se estacionó en una casa muy bonita. Yo me paré a una distancia segura para no ocasionar sospechas.  Del auto se bajó un hombre con vestimentas juveniles. Moreno. Se encaminó hacia el asiento del pasajero y abrió la puerta. Extendió su mano, y vi cómo, “gentilmente”, ayudaba a mi madre a bajarse del auto.  Después de eso se dieron un extendido abrazo y un beso en la boca.

Se despidieron y mi madre se fue hacia el lado oeste de la ciudad.  Me esperé un poco para ver al varón de cerca. Sinceramente no creí conocerlo, aunque no había visto su rostro muy bien.  Cuando vi que él salía de la casa y empezaba a caminar por la acera me acerqué conduciendo con lentitud.

Pude ver su rostro y aunque no estaba seguro de su nombre, estoy seguro que lo vi alguna vez en la iglesia, posiblemente en diferentes ocasiones. Nunca lo vi cerca de mi madre, mucho menos cerca de mi hermana.

Decidí vigilar a mi madre y como al tercer día, a las 6 de la tarde le dijo a mi hermana que saldría a una reunión. De nuevo la seguí a distancia y ahora estacionó su auto afuera de una tienda cerca de la casa de ese varón. Él estaba esperándola allí en otro auto. Ella se bajó, se dieron un beso y él se sentó en el lado del conductor en el auto de mi madre. Se enfilaron hacia el sur de la ciudad, esta vez a un diferente motel.

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