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Si no confías en Dios, ¿en qué o en quién está puesta tu confianza?
  

Quizás, no lo has pensado, pero el asunto es, ¿en quién podemos confiar? ¿En un amigo que nos ha fallado? ¿En una pareja que también nos ha traicionado? ¿En quién confiar cuando todos en la vida nos han fallado?

Depositamos nuestra confianza en un trabajo, en una persona que creemos fiable, pero nos decepcionamos cuando -por causas ajenas a nuestra voluntad- perdemos ese trabajo que nos daba confianza o ese amigo o hermano que era nuestro apoyo total. Son cosas que no podemos controlar y entonces, en ese momento,  nos damos cuenta de que solo nos queda Dios para sacarnos del apuro.

Tenemos claro que en la vida todo nos puede fallar, pero solo hay alguien que nunca nos fallará, es ese alguien en nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, cuando estamos en medio de la angustia, creemos que Dios no nos escucha. ¿Por qué?

El rey David puso su confianza en Dios, y cuando sus enemigos le acechaban, aun sabiendo que algunas veces había fallado, él, bien convencido de que Dios es un Dios de amor y perdón, le dice: “Ten misericordia de mí, y oye mi oración”.  Esto es algo que la mayoría de nosotros olvidamos o nos negamos a creer, y si ya lo creemos, no lo practicamos.

David estaba desesperado porque todos cuanto le rodeaban le habían fallado.

"Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad y buscaréis la mentira?", Salmos 4:2

David, se refiere en este versículo a las personas que le rodeaban, a la gente que lo estaba difamando. Personas que le estaban haciendo sufrir con sus calumnias y mentiras. Algo que es absolutamente normal en este mundo, las personas nos fallarán muchas veces. Haciendo nuestra vida un imposible, pues solo teniendo a Cristo como el Señor de nuestras vidas podremos tener plena alegría. 

"Y he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Mateo 28:20

Es hora de que te des cuenta de en quién debes poner tu confianza para estar consciente de que “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Señor me haces vivir confiado”. Salmo 4:8

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