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Le sacan 1.000 hormigas gigantes de sus oídos a esta niña de la India

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En la casa encontraron armas, drogas... y una familia. Enseguida comenzaron los gritos, llegó la gente de seguridad, a los que lograron someter, pero uno de ellos los conocía; por lo que si lo dejaban vivo, los iban a buscar por venganza. "Hay que desaparecerlo", le recomendó su amigo...

"Mi mente estaba en otra parte, y al mirar su rostro, oler la sangre y decidió: "bueno, ¿qué más da?", lo subieron a la camioneta y lo empezaron a acuchillar. "El cuate me miraba a los ojos, me decía ‘mira Cleme, déjame ir, no voy a tomar ninguna represalia’. Me suplicaba pero yo no pensaba".

Los delincuentes huyeron en dirección a la salida de Juárez, y en un llano baldío se bajaron. Le di un tubazo a la cabeza y cayó desvanecido. Dejamos el lugar, sin nadie más de testigo”.

Luego de cometer ese crimen, lo volvieron a detener, pero esta vez lo mandaron al Cerezo, "un parque de diversiones, un Disneyland para cualquiera que forme parte de un cártel y llega allí detenido. "En este penal se encuentra de todo, y es más fácil conectar una dosis de heroína, cocaína o marihuana que en las calles, pues tiene la ventaja de que allí no corres el riesgo de que la policía te detenga", cuenta Clemente.

"Todo está acordado. Las autoridades permiten el ingreso de armas, drogas y mujeres por orden del jefe de un cártel que controla la cárcel", dice.

Agrega que, como en toda organización existen rangos. "Yo era un 'soldado'; sólo obedecía órdenes de un 'capitán' y de un 'general', quienes controlan todo lo que sucede en el interior de la prisión y en las calles". Según cuenta Clemente, a él le encargaban "trabajitos", por los que recibía un "sueldo" de entre dos mil y tres mil pesos quincenal. Entre esos "trabajitos" se incluía asesinar presos de bando contrario.

Este ex sicario dice además que no todo era color de rosa en el penal, no todo era "party", y cuenta que en 2010 casi muere en un motín en la cárcel de Samalayuca. “Unos 50 Mexicles nos enfrentamos a Los Aztecas con palos, tubos y pistolas de diferentes calibres.

En el enfrentamiento, el propósito de los Aztecas era matarlos junto a sus familiares. "Era día de visita. Yo estaba con mi hermana cuando sonaron las alarmas. La encaminé hacia el túnel. Le dije: ‘pase lo que pase, no te detengas ni mires hacia atrás’”.

Su hermana logró resguardarse en una de las galeras de la prisión, pero Clemente recibió dos disparos, uno le partió el brazo derecho en dos, y otro proyectil impacto su pecho del lado derecho. El motín duró unas cuatro horas, cuando los federales lograron tomar el control del penal.

El saldo: 19 heridos y tres muertos del bando de Los Aztecas, y del lado de los Mexicles, sólo él fue lesionado.

Clemente fue hospitalizado y luego regresó a prisión para completar su condena, la cual concluyó en junio de 2011. Sin embargo, a solo un mes de su liberación, volvió a prisión, esta vez en Aquiles Serdán por un robo.

Al estar al borde de la muerte, decidió buscar refugio, y esta vez lo encontró en la Biblia, y al salir el 9 de septiembre de 2015; luego de 20 años de su vida dedicados exclusivamente al robo, a las drogas y al asesinato, el Dragoncito dice estar arrepentido por todo lo que perdió en la vida: ver crecer a sus sobrinos, formar una familia... No obstante, aún le queda su madre, la que tanto oró por él... Por ella, por su vieja, Clemente creó una casa-hogar en la que ayuda a jóvenes que están en los mismos caminos que él estaba veinte años atrás. Él les da apoyo y les cuenta su historia, para que aprendan y no cometan sus mismos errores...

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