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El bebé Riley Alston casi muere a manos de sus padres. El bebé se salvó milagrosamente gracias a la intervención de unos adolescentes con valores y principios...

Riley Alston es el hijo de Justin y Brittany Alston, una pareja estadounidense de 21 años de edad. Estos padres casi matan adrede a su pequeño bebé. 

Todos saben que los niños no vienen al mundo con un manual de instrucciones, por lo que cada padre debe intuir cuáles son las necesidades de su bebé; en caso de que necesite cuidados especiales, se dirige al representante de salud indicado para ayudarles a sacar su hijo adelante. En casos como estos, los padres tienen el apoyo de los médicos y amigos, que ayudan a enfrentar el problema. Pero cuando un niño nace sano, sin problemas físicos de preocupación, pues lo lógico es que los padres, al igual que el caso anterior, se guíen por su instinto y asistan a su bebé en sus necesidades básicas. Lamentablemente, los padres de Riley desconocían por completo esta parte de la paternidad y escogieron dejar morir a su bebé en el interior de su propia casa. Pero Dios tenía otros planes para este bebé indefenso.

El maltrato físico terminó el día en que la pareja decidió realizar una fiesta en la casa. Invitaron a sus amigos y vecinos a festejar. De pronto, uno de los invitados sintió deseos de ir al baño, y escuchó el débil llanto de un bebé. Curiosa, abrió la puerta que daba a una pieza de la casa y se horrorizó al ver la cruenta escena: vio al bebé de 8 meses flotando en su propio vómito, orina y excremento. Ahí estaba el bebé Alston, desnutrido, aterrado, moribundo. Llevaba días en ese estado, abandonado como un mueble viejo en un desván, y lo peor, a estos padres no les importaba.

Horrorizado, Caleb Fuller, de 15, y su prima, Magon Rutledge, de 17, llamaron a la policía.

Los adolescentes más tarde detallaron su escalofriante experiencia:

Magon contó que le dijo a Justin, el padre del bebé, que escuchaba los lamentos de un niño pequeño, y él simplemente respondió "Él se va a volver a dormir". Cuando los padres de Riley no fueron a atender a su bebé, Magón lo hizo, y lo que encontró fue una imagen espeluznante que vivirá en su memoria por el resto de su vida. Lo que vio fue a un niño de ocho meses de edad de aspecto esquelético, tumbado en un colchón sucio. Riley estaba extremadamente demacrado, flotando en orina, heces y vómito, tambaleándose entre la vida y la muerte.

Magon dijo:

"Yo estaba furiosa y estaba temblando, me costaba respirar y estaba tratando de ser lo más delicada que pude con este bebé porque sentía como que se iba a romper. ¡Era tan frágil! Tenía estos grandes ojos azules y estaban tan brillantes, pero el resto de él...".

Magon continuó diciendo que la ropa y la manta del bebé estaban viscosas y cuando le retiró la ropa, la gravedad de su estado la horrorizó. "Su pelo era crujiente. Envolví al bebé con mi chaqueta. Me miraba directamente a los ojos todo el tiempo. " Inmediatamente, Magon entró en acción. Ella llamó a su primo Caleb y le dijo que llamara a su padre, y que había sido paramédico durante los últimos 20 años. Caleb le dijo Paul, padre de Magon que viniera rápido, sabiendo que los minutos de Riley estaban contados.

Cuando Magon sacó a Riley de la habitación y se enfrentó a los Alstons, simplemente dijeron que Riley había estado vomitando la fórmula, que le habían estado alimentando  y volvieron a la fiesta. Magon dice que estaba en estado de shock completa e instantáneamente les hizo saber a Justin y a Brittany que esto terminaba ahí. "Le dije: 'No toques al bebé, le guste o no. Este bebé ya no es suyo, no más, ¡es mío!

En ese momento Justin se puso un poco amenazante (verbalmente), pues su principal preocupación era que iba a meterse en problemas.  “Al tipo le dio un ataque, pero Caleb también se puso de pie y se enfrentó a Justin por la condición en que Riley estaba”, cuenta Magon.

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