Todo este tiempo me he esforzado por ser normal, feliz, tener amigos, soñar con una familia; pero yo no quiero traer al mundo a un niño que pase lo mismo que pase yo. ― ¿Que te pasó? – le pregunté. Él volvió a llorar de nuevo, y señora, él me dijo que me quedara claro, que él no la culpa a usted ni a nadie. Pero que él a diario, fue dejado solo a merced de unos jovencitos perversos... ― Calla, no me digas más... no ahorita, no lo podría soportar. No puedo creer que esto este sucediendo – dije completamente devastada. Platicamos un poco más, ella lloró conmigo. Me pidió que no le contara a mi hijo de su visita, pero que tratara de que alguien de la familia lo encaminara a un tratamiento a ver un médico. El no quiso recibir ni consejería, ni oración. Ella dice, que él le había dicho que odiaba a Dios...
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