Pero esa misma noche le dije
que ya quería conocerlo en persona y, pues supuestamente, el vivía y trabajaba
muy cerca de mi casa, y pues, nos podíamos ver en algún lugar. Yo trabajaba
medio tiempo y, sí, tenía dinero para pagar mi propia comida o
"helado" o lo que fuera.
El me dijo que no quería
verme porque yo me iba a llevar una sorpresa; me dijo que en persona él era muy
diferente que en "el internet: que no se sentía "muy guapo", que
muchas mujeres "lo habían rechazado", etc. Me dio unos 5000 pretextos
para no verme. Pero al final, le dije la
verdad: que esa plática había sido muy especial para mí, y que ya quería conocerlo
y, pues si era la voluntad de Dios, que nos conociéramos e iniciáramos una
relación de noviazgo, pues ¡ya era hora!... Pedro aceptó y quedamos en una hora
especifica para el sábado por la tarde.
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