¡La verdad, ya no aguanto! Ella dice
que no es cierto, pero si hasta su madre le echa en cara su actitud y le ha
pedido que me respete más; y ella nomás se ríe. El otro día llegué temprano a
la casa y la encontré muy melosita, con un vecino platicando afuera, ¡hasta
parecían novios! Y eso me hizo sentir muy mal.
Ella
dice que nomás platicaban. Ya hasta
miedo me da sacarla a la fiesta de Navidad del trabajo. Ya he orado y
ayunado como me dijo el pastor, y he decretado la palabra y nada sucede. Esto
me tiene sacado de onda.
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