Sin embargo, pese al sombrío pronostico, tres días después Jade ya estaba sin máquinas, sin oxigeno y más fuerte que nunca. Los médicos no lo podían creer, se reían al mirarla, pues decían que era increíble lo que ella había logrado. Cuando Jade fue diagnosticada con 1p36. Nos dijeron que talvez jamás hablaría, que no caminaría, que no reconocería a nadie, que no sonreiría, que no sería capaz de albergar sentimiento alguno, que sería una niña en el espacio: incapaz de hacer contacto visual. Estas son las peores palabras que pueden escuchar un padre y una madre...
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