Yo me quedé callada entonces,
y me quede callada después. Cuando mi madre regreso a la casa estuvo unos días
en reposo. La reacción alérgica le había afectado sus órganos internos y
necesitaba recuperación. Obviamente, no podía darle a su marido lo que las
esposas tienen que darles. Así es que, Federico aprovechaba casi cualquier
oportunidad para saciar sus bajos instintos conmigo. Yo dentro de mi corazón
infantil juré que jamás le diría a mi madre lo que estaba pasando, porque yo no
quería que ella me abandonara.
Él se encargaba de recordármelo
después de cada sesión de toqueteo, o cuando usaba mi cuerpo como si yo fuera
una muñeca de trapo. El descarado hasta me ponía “una pomada”, y me decía que
si mi mamá me quería bañar, pues que yo le dijera que ya era una niña grande, y
que no quería que ella me bañara.
La verdad es que no sé que le
decía él a mi madre, pero yo sentí que después que mi madre regresó del
hospital, se distanció mucho de mí (o tal vez yo de ella). Yo sentía como que yo
no le importaba. Muchas, pero muchas veces tenía yo mi cuerpecito lastimado, durante
días, y mi madre ¡JAMÁS SE DIO CUENTA! Bueno, yo no le decía nada, pero tampoco
ella jamás habló conmigo de nada, ni jugaba conmigo, ni me ayudaba a cambiarme
de ropa.
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