Prácticamente, el bajó todo y acomodó las cajas y unas
herramientas en la cochera. Le ofrecí agua y él me contestó: – Café, ¡ah,
sí! Me encanta el café –dijo sonriendo. Me hizo reír y pues… le ofrecí café.
Aunque en ese momento me empecé a poner nerviosa y me temblaban las manos. Le
serví el café y me quedé parada, dando entender que en realidad yo quería que
ya se fuera, pero... EN ESE MOMENTO NO ERA YO, ME SENTÍ OTRA MUJER DEFINITIVAMENTE Me dijo que yo estaba demasiado
joven para estar casada. No le contesté, me pareció imprudente su comentario,
pero por dentro me hizo reír...<<chamaco ridículo>>-pensé...a los
minutos me pidió disculpas por el comentario, pero me dijo que yo le inspiraba mucha
paz, que le daba gracias a Dios por haberme conocido...solamente le dije: – La
Gracia, es la presencia de Dios en mi vida...y le quise hablar de Dios, pero en
eso llegamos a la casa.
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