Tal vez allí mismo empezó mi pecado. Me abrió la puerta y me tomó
de la mano para que yo subiera sin problemas, y lo mismo hizo al bajar. Eso me
dejó... no sé ni como explicar...tanta amabilidad...mi esposo JAMÁS me había
abierto la puerta del auto. Me sentí como si estuviera en una de esas viejas películas
románticas.
De camino a casa, me quedé
sin palabras.
Alejandro tampoco habló mucho, solo hizo un comentario de mi
persona, me dijo que yo estaba muy...
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