Después de gritar, la camioneta se estrelló contra
algo duro, y el golpe me dejó aturdido. También fue en ese momento que escuché,
como en sueños, miles de detonaciones de pistola, o rifle, o ametralladora; sólo
escuchaba los estruendos y los golpes de las balas contra el metal.
Lo último que recuerdo: vi el rostro desfigurado
de mi padre, y un hoyo gigantesco en la espalda de mi hermanita. Después, como
en un sueño: voces, luces, llantos, gritos. Y así, como soñando vi una palomita
que volaba hacia una nube muy blanca y brillante, y de repente, una puerta y,
desde la puerta una luz que cegaba mis ojos. Quise entrar por esa puerta, y vi
claramente que mi hermanita entraba delante de mí. Pero al intentar poner un
pie adentro de ese espacio brillante, la puerta se cerró, y una voz de un
hombre joven dijo:
— TIENES
QUE REGRESAR, MUY PRONTO TE DIRE PORQUE.
Cuando desperté, mi madre estaba dormida sobre mi
abdomen, y yo estaba atado a algo, quise moverme, pero ella despertó y me dijo:
— No te muevas hijito, le voy a llamar a la enfermera, dijo mi madre.
Mire alrededor y aunque mareado y con un gran
dolor en mi cabeza pude pensar claramente y darme cuenta que estaba en un
hospital.
— Mami, ¿dónde esta la “Tiqui” (Mi
hermanita)? ¿Mamá dónde está mi papá?
—¡Ay hijito! quédate quieto, ahí viene la enfermera, te va a dar algo para
el dolor.
Quise levantarme y me di cuenta que tenía unos tubos en mis brazos. No pude mover la mano izquierda. Mire y tenía todo el brazo izquierdo vendado. Empecé a sentir dolor, en cuanto me mire las vendas. Llegó la enfermera y me dio a tomar unas píldoras.
Al día siguiente vino un pastor de una iglesia
donde mi madre había asistido meses atrás. Unas señoras muy amables, hicieron
una oración por mí y en su oración hablaron de un propósito de Dios para mí.
Cuando dijeron eso, me acorde de mi sueño. Quise entrar por aquella bella puerta,
hacia aquella luz clara y apacible, pero alguien me cerró la puerta. En cuanto
me acorde del sueño, recordé ver entrar a mi hermanita por la puerta, y al
instante pegue un grito y empecé a llorar, y nadie me podía parar. En ese
momento, supe a ciencia cierta, sin que nadie me lo dijera aun, que mi hermana,
y mi padre estaban muertos. Y aunque a mi padre no lo vi entrar por esa puerta
brillante, pero algo me decía que él ya no estaba conmigo.
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