Cuando sus hijos comparten la fe con
otros niños o jóvenes de su edad, ejercitan la fe y el amor de Dios. Es decir,
experimentan juntos el camino de la fe y logran apreciar un ámbito comunitario
que los llevará a tener discernimiento.
Las vivencias, los testimonios compartidos entre ellos,
aumentaran el gozo y la fe en nuestros hijos.
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