La
sonrisa de un niño es una prueba de que Dios, sí, existe. De otra manera, el
mundo sólo conocería la maldad y la tristeza, pero en la sonrisa de un bebé
vemos que la inocencia, la pureza, la felicidad, la fe, la confianza, las
buenas intenciones; y los sueños puros , y libres de egoísmo y ambición AUN SON
POSIBLES, porque tenemos a Cristo.
Ríe como Santiago ¡tú tienes a Cristo!
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